Descubriendo Ghana

by Super User
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Descubriendo Ghana

Después de más de un mes transcurrido desde mi vuelta a España aún quedan muchas emociones por asimilar ya que sigo sintiendo que parte de mi corazón se quedó en este país que, a pesar de ser un gran desconocido para mí antes de viajar allí, ha conseguido conquistar mi alma y hacer que mi camino a seguir esté un poquito más claro.

 

 

PRIMER CONTACTO

Al comunicar mi decisión de viajar como voluntaria a Ghana a mi familia y amigos los comentarios más comunes eran que estaba loca, que había muchas maneras mejores de pasar mis vacaciones, etc, aunque también recibí alabanzas por mi voluntad de dar mi tiempo y mi energía en ir a ayudar a los que necesitan de eso, de lo más valioso que hay, TU TIEMPO.

 

Todo era desconocimiento, temor, ignorancia y emoción por lo que podría encontrar allí, mi primera vez en África, ese continente que, sin saber por qué, siempre me ha atraído de manera especial, como si en otra vida mi alma hubiese formado parte de su esencia. Sin embargo, toda esta incertidumbre desapareció al llegar allí y ser recibida por la sonrisa más pura y tranquilizadora que había visto en mi vida. Allí estaba WISDOM, el coordinador local de Hola Ghana en Koforidua, ofreciendo el recibimiento más acogedor que nunca nadie me había brindado.

 

Descubriría después que el mundo debería estar lleno de más personas como él. Gente que se preocupe en todo momento de los demás, de idear mil cosas para que los más necesitados puedan tener una vida digna y todos y cada uno de los niños a los que él pueda llegar puedan recibir una educación de calidad. El primer contacto con la población de Koforidua fue sorprendente, todo caos, ruido, suciedad y polución; y sorprendentemente  todo se convirtió en un lugar lleno de paz y bienestar en mitad de eso caos. ¿El porqué de este cambio? Pues esta respuesta es una de las cosas que aún estoy por aclarar en mi cabeza y mi corazón. Pero creo que la respuesta está en la cercanía de la gente, su alegría y sus siempre presentes sonrisas y amabilidad a pesar de los pesares. Esa mirada entrañable cuando miras a sus gentes, a sus niños llenos de alegría, es lo que sin duda más echo de menos.

 

TRABAJO

Los primeros días de caos fueron convirtiéndose en rutina una vez que me acostumbré a su forma de moverse de un lugar a otro en los innumerables taxis que no paran de ir y venir a todas horas y los abarrotados tro tros. Todo este proceso de adaptación se vio tremendamente facilitado por el papel de la familia de acogida, una maravillosa familia local que decidió hace años compartir su casa y ofrecer todo lo que tienen para cuidar de los voluntarios que deciden emplear su tiempo en ayudar a sus niños. Estaremos eternamente agradecidos por su cariño y su atención, sin duda te hacen sentir como en casa.

 

Los días en los coles eran como poco diferentes, las escuelas nada que ver con lo que estamos acostumbrados en nuestro país. Niños que no tienen nada asistían diariamente a clase y, a pesar de los pocos recursos, ellos siguen entusiasmados  con seguir aprendiendo y sueñan con llegar a ser médicos abogados o enfermeros, ¿por qué no podemos aportar nuestro granito de arena para que ellos también tengan esa oportunidad el día de mañana? Era emocionante ver la alegría desde bien temprano en las aulas y las risas sin fin.

 

Más dura era la parte de ir a trabajar en el terreno que la ONG Hola Ghana ha comprado recientemente para construir una escuela. El duro trabajo limpiando la tierra de malas hierbas para dejarlo listo para la construcción lo antes posible no minó nuestra alegría y emoción ante ese bonito proyecto de futuro. Las ampollas en las manos y dolores por el cuerpo no importaban cuando intentábamos visualizar sobre los planos improvisados lo que ese pedazo de tierra llegará a ser en unos meses, o al menos para eso trabajamos tanto y otros voluntarios seguirán haciéndolo.

LA VUELTA A CASA

Y ¿Qué queda después de estas tres intensas semanas llenas de emoción y trabajo? Pues queda ese período de readaptación a tu rutina y tu realidad, esa sensación de inconformismo e incomodidad al saber que hasta dentro de un tiempo no volverás a estar presente y ofrecer tu ayuda en persona. Porque sí, lo que te quedan son muchas ganas de volver, de seguir empapándote de esa maravillosa cultura y sus ganas de vivir y disfrutar cada momento, de su amabilidad y su generosidad. Y es que un día despiertas y te das cuenta de que parte de tu alma y tu corazón se quedaron allí con ellos y ya no volverán. Esta es la razón por la que ahora cada mañana me levanto pensando cómo ayudar desde aquí, como seguir contribuyendo a que esos niños puedan tener una mejor educación y algo más de recursos para que sus sueños algún día puedan hacerse realidad. Creo que contribuir a hacerlos visibles es, de momento, lo mejor que podemos hacer desde aquí hasta que algún día, no muy lejano, nuestros caminos vuelvan por suerte a encontrarse. MUCHAS GRACIAS GHANA.